Horario de verano, más horas de luz sin gastar energía

Como cada año en las últimas cuatro décadas, cada último fin de semana de marzo, coincidiendo con la madrugada del sábado al domingo a las 2.00h en punto, entra en vigor lo que se conoce como horario de verano, y que consiste en adelantar una hora el reloj, o sea, ponerlo a las 3.00 horas, para ir 2 por delante del Meridiano de Greenwich (GMT). Una referencia horaria que  se mantendrá en Europa hasta el último fin de semana de octubre, cuando volverán a retrasarse los relojes una hora para adoptar de nuevo el horario de invierno.

Una tradición, si es que así puede considerarse, que busca el ahorro energético, ya que adecua las horas de luz a lo que sería el horario laboral más habitual. Y es que en primavera se hace de día alrededor de las 7 de la mañana, y si siguiéramos con el horario invernal, en pleno mes de junio amanecería sobre las 5 de la madrugada, con lo que la mayoría seguiríamos durmiendo unas horitas más “a plena luz del día”. En cambio, con el horario ahora vigente, también alargamos las horas de sol por las tardes, con el consiguiente aprovechamiento de la luz solar para nuestras actividades, y evitando así la necesidad del uso de luz eléctrica hasta más tarde.

horario de verano

Es difícil cuantificar el ahorro de esta medida, aunque siempre hay fuentes como el Instituto para la Diversificación y el Ahorro Energético (IDEA), que arrojan cifras significativas: hasta 300 millones de euros de ahorro en el conjunto de España. O lo que es lo mismo, un 0,03% del PIB nacional. Y es que el ahorro energético de marzo a octubre puede ser de hasta un 5% del consumo total.

Las primeras referencias acerca del cambio horario las encontramos en el S-XVIII, concretamente en 1784, cuando el científico estadounidense Benjamín Franklin, en funciones diplomáticas en París, y en base a la idea del aprovechamiento diurno de luz natural, planteó adelantar los relojes una hora durante el verano, a fin de aprovechar mejor la iluminación natural y así consumir un menor número de velas y de aceite en los quinqués. Aún no había interruptores ni enchufes, claro está. Pero no le hicieron demasiado caso, y esta práctica no empezó a aplicarse con cierta asiduidad hasta el siglo XX. Y en concreto, de forma continuada, a partir de la Primera Guerra mundial, cuando se tomó esta medida para ahorrar carbón.

En España no se generalizó hasta el año 1974, a raíz de la primera crisis del petróleo, cuando algunos países, entre ellos el nuestro, decidieron adelantar sus relojes para aprovechar mejor la luz del sol y gastar menos electricidad en iluminación. Desde 1981 el cambio de hora se aplica como directiva comunitaria y es obligatorio en los 27 estados miembros de la CEE.

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