El consultor, una serie extravagante en clave de thriller de empresa-ficción

El punto de partida de esta nueva serie de Amazon Prime, El consultor, se contextualiza en las entrañas de una de esas empresas tecnológicas de nueva generación regidas por las nuevas estrategias laborales del esparcimiento y el ocio en el trabajo, los espacios no convencionales y todo tipo de servicios para combatir el estrés laboral, fomentar el buen rollo y evitar que la rutina lastre la creatividad. Un trabajador feliz rinde más y mejor. O eso dicen por Silicon Valley.

Un extravagante thriller empresarial con misterio y humor negro.

Y en ese extravagante escenario, en un ambiente infantilizado donde se diseñan juegos para móviles, y  ostentosa y exitosa fachada empresarial esconde la amenaza de la bancarrota, se enmarca este thriller que, tras un dramático, impactante e inesperado arranque, no tarda mucho en abandonar el plano de lo razonable, aunque pretende siempre mantener el tono realista de la narración. Un contraste interesante que hace del producto una rareza con una extraña capacidad de seducción. Es difícil quedar indiferente y perder el interés en lo que está pasando, aunque a todas luces es disparatado, y a ratos absurdo. Está tan bien dosificado que consigue intrigarnos. Aunque no apasionarnos. Una sensación confusa, incómoda, pero meritoria como estrategia de fidelización. De hecho, la escasa duración de los capítulos, y el hecho de que sean sólo ocho, garantiza su eficacia, porque la paciencia del público a menudo es más corta que la curiosidad si el producto no es muy, muy adictivo. Y éste tampoco es para tanto. De modo que su brevedad es otro de sus indiscutibles aciertos. Así como el hecho de que el inquietante protagonismo recaiga sobre los hombros de Christoph Waltz, que puede con todo y todo lo engrandece, pese a que su personaje resulte de lo más postizo. A base de giros inverosímiles, humor negro y una siniestra excentricidad acaba por liderar una misteriosa trama que no aguanta el más mínimo análisis lógico, pero que te abduce hasta el último minuto. Instante éste en que inevitablemente te sentirás defraudado. En fin, cal y arena.

De modo que, lo que prometía ser un imbricado thriller empresarial ambientado en las cloacas de una de esas multinacionales pobladas por tiburones financieros, que traspasan cualquier límite ético en pos de un balance de cuentas satisfactorio, acaba siendo casi un capítulo alargado de la añorada The twilight zone, donde todo era posible porque su fuente de inspiración era lo imposible.

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