Tus finanzas, tus reglas

Empezamos 2015 en el blog con una guía básica para orientar nuestras finanzas personales, atendiendo a un principio básico de simplicidad: seleccionar unos pocos objetivos, alcanzables y medibles, frente a una colección de grandilocuentes propósitos que tienen muchas probabilidades de terminar arrinconados.

Venimos proporcionando también desde este espacio sencillos consejos para ayudarnos a cumplir tales objetivos. No son normas rígidas que deban cumplirse con rigidez espartana, aunque nuestras finanzas requieran una mínima disciplina. Deben tomarse como orientaciones para reflexionar y adaptar a nuestra realidad familiar y a nuestra propia manera de hacer las cosas.

Este último aspecto resulta fundamental: interiorizar las buenas prácticas y aplicarlas de forma que nos funcionen en el día a día. En este sentido, Michelle Singletary, escritora que ya hemos mencionado otras veces en este blog, destaca en su último libro (The 21 Day Financial Fast) la necesidad de ceñirse a unos hábitos cotidianos y, sobre todo, de hablar mucho sobre finanzas en el ámbito familiar.

tus finanzas, tus reglasAprovechado la reciente celebración de San Valentín, numerosas empresas financieras norteamericanas (país desde el que escribo) han realizado encuestas sobre economía familiar, descubriendo que la mayoría de los encuestados (bastante más de un 50%) “no hablan de dinero con sus parejas”. Ello conduce a malentendidos, a la realización de gastos innecesarios sin previa consulta o discusión, e incluso a la existencia de una “infidelidad financiera” cada vez más extendida. En definitiva, a problemas seguros.

A este respecto, merece la pena que les traduzca la carta que los Chesley, una veterana pareja de New Hampshire con 29 años de matrimonio a sus espaldas, escribió a Ms Singletary, en la que compartían las diez reglas financieras que ambos habían ido construyendo durante su convivencia y que además mantenían por escrito y bien visibles en su hogar:

  1. Acordamos que ninguno de nosotros puede hacer una compra superior a los 75 dólares sin primero consultar al otro.
  2. Acordamos que no mantenemos cuentas bancarias secretas, ganancias ocultas, préstamos no comunicados ni tarjetas de crédito fantasmas.
  3.  Son necesarios dos “SÍ” para cualquier decisión financiera importante. Si uno de los dos no está de acuerdo sobre una compra o inversión, ésta no se realiza.
  4. Mantenemos unas finanzas comunes.
  5. Nos ajustamos al presupuesto, excepto en casos de emergencia.
  6. Revisamos el presupuesto al finalizar cada mes.
  7. Nuestra asignación de dinero personal son 75 dólares al mes para cada uno. Cada uno se la gasta como le place. No hay discusiones, enojos, acusaciones ni peleas al respecto.
  8. La asignación puede ahorrarse y acumularse para el mes siguiente. No hay préstamos que valgan a cuenta de futuras asignaciones.
  9. Mantenemos un fondo para gastos del automóvil (nunca menor de 50 dólares al mes), que revisamos trimestralmente.
  10. Apartamos 400 dólares (200 cada uno) para gastos discrecionales por cada ingreso extraordinario percibido. El resto se ahorra para proyectos futuros o se invierte a largo plazo.

No sé qué pensarán ustedes, pero a mí me parecen unas normas financieras de consenso simples, respetuosas, brillantes y llenas de sensatez. Tal vez a muchos lectores no anglosajones puedan resultarnos rígidas y demasiado sobrias, pero les aseguro que llevar disciplinadamente un plan como el de los Chesley asegura excelentes réditos económicos en el corto, medio y largo plazo.

¿Mantienen ustedes un sistema parecido en su hogar? ¿Se atienen a algún tipo de norma financiera? Y si es así, ¿desde cuándo? ¿Cuáles han sido los beneficios y qué dificultades han experimentado en su aplicación? Les animo a compartir su experiencia con el resto de los lectores mediante sus comentarios o a través de correo electrónico. Escribiremos sobre sus aportaciones en posteriores entradas.

Hasta entonces, recuerden:

  1. Sigue Domestica tu Economía y haz números
  2. Cuestiona siempre tus fundamentos económicos
  3. La sensatez, tu mejor activo
  4. Nunca te rindas
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