Prioridades del ahorro en función de nuestra edad

Como todo en la vida, el ahorro también tiene su ciclo vital, en el cual las prioridades van variando en función de nuestra edad y del contexto social que vivimos en cada momento. Veamos cuales son las circunstancias que marcan nuestra dinámica ahorrativa a lo largo de toda nuestra existencia.

En la infancia, durante la edad temprana entre los 0 y los 12 años, nuestro gasto personal y el concepto de ahorro tiende prácticamente a cero. Dependemos absolutamente de la economía familiar y de las pequeñas cantidades que los progenitores puedan destinar a nuestros caprichos. Un dinero que, por lo general, aún no puede considerarse una asignación semanal. Es decir, que los niños comprendidos entre esas edades no disponen de dinero propio ni para gastar ni para ahorrar.

En este segmento de nuestra vida lo importante es ir adquiriendo hábitos y aprendiendo conceptos educativos en materia económica en el ámbito doméstico. Por ejemplo, el hábito de hablar del dinero en casa, de su importancia futura y los esfuerzos que conlleva conseguirlo. O aprender que es la hucha como elemento simbólico de ahorro, o la diferencia fundamental entre necesidad y deseo. Y durante esta etapa, el método más eficaz suele ser el de la educación lúdica en materia de dinero.

La adolescencia (13 a 18 años) es una etapa conflictiva en la que la personalidad individual empieza a definirse y, a menudo, por la vía del enfrentamiento o el contraste con los referentes y normativas familiares. Por ello es importantísima la labor educativa de los padres durante este período, en cualquier aspecto vital, pero también en el económico.

Es muy conveniente compartir la economía doméstica con toda la familia, y como parte de ese aprendizaje incitarlos a contribuir al pago de sus gastos. Todos los miembros del núcleo familiar deben colaborar en la medida de sus posibilidades. Es una manera de iniciarlos, empezando por el escenario doméstico, en el mundo de las inversiones responsables. Otra enseñanza valiosa es hacerles ver que la consecución de sus objetivos es un magnífico incentivo para el ahorro. Es decir, aprender que quien algo quiere algo le cuesta.

El ahorro tiene un ciclo vital como el ahorrador

La hora de la emancipación

Los jóvenes independientes, cuyas edades pueden oscilar según el caso entre los 19 y los 30 años, afrontan la economía como un reto ineludible. A partir de la emancipación se convierten en un ente económico autónomo que debe generar para gastar, ganar para vivir. Es el momento de tener claro que el ahorro procederá de la eficiencia en el gasto. En ese momento aparecen conceptos de “supervivencia” económica. Compartir es ahorrar, por ejemplo. Ya sea compartir piso o coche es un ahorro considerable. Además se empiezan a aplicar a rajatabla algunas enseñanzas de etapas anteriores. Solo lo realmente necesario es necesario, y solo eso compraremos si el presupuesto no da para más. Y otro concepto que se impone: comparar precios es reducir gastos.

Las parejas jóvenes –periodo que también es relativo, pero que hemos encasillado entre los 26 y los 35 años– afrontan lo que por lo general es una etapa pre-familiar, en la cual los dos miembros de la pareja se redefinen como uno solo. O al menos su contexto económico pasa a ser común, y suele conllevar una valoración conjunta del ahorro y las finanzas domésticas. La organización pasa a ser compartida en materia de presupuestos, y aparecen partidas hasta la fecha poco habituales como una cuenta de ahorro de seguridad para imprevistos. Ya se sabe, la caldera, una derrama en la comunidad de vecinos, el coche que decide jubilarse antes de hora. Uno ya no piensa individualmente en el dinero.

Y llega la prole. La familia crece y aparecen más bocas que alimentar, y personitas que vestir, escolarizar, etc. Son las parejas con niños pequeños, que según el INE, se concentran mayoritariamente entre los 30-40 años. Es aquí cuando el presupuesto tiene que revisarse. Y no solo para ajustarse a los nuevos gastos, sino porque es habitual plantearse buscar una casa más grande (comprar o alquilar), un coche familiar y otras ampliaciones proporcionales. El ahorro pasa de ser una medida preventiva o prudente a ser una necesidad. El futuro empieza a llamar a la puerta en términos de inversión. Los niños crecerán e incrementaran sus necesidades presupuestarias, y a los adultos les conviene también ir pensando en ahorrar para la jubilación.  Conviene ponerse con tiempo.

Familias con hijos mayores (edad entre los 41 y 50). En esta etapa simplemente se han acortado los plazos. Ya está aquí la universidad, por ejemplo. Aquellos gastos que debíamos prever tiempo atrás. Eso no significa que los interesados no puedan (deban) colaborar, como bien se les inculcó en etapas anteriores. De hecho, eso sería lo ideal, pues nosotros ya debemos centrarnos en el ahorro en clave individual. El Plan de pensiones debe afianzarse y fortalecerse ahorra o sus garantías pueden peligrar. La planificación del ahorro y la minimización de gastos deben ser ahora una prioridad, pues ya hemos atravesado el meridiano de nuestra vida productiva de camino a nuestro merecido descanso, que para serlo deberá estar bien retribuido.

Madurez y vejez

Llegó la madurez al rebasar la cincuentena (de los 51 a los 60 años), y aunque aún nos quedan un par de años en activo (prejubilados al margen), llegado ese momento conviene tener claro que la única ecuación posible para mantener una economía familiar saneada será adecuar los gastos a los ingresos, que ya dependerán solo de nosotros, pues a estas alturas la unidad familiar suele ser ya reducida. Un buen consejo en este sentido es buscar vehículos de ahorro que generen rentabilidad.

La jubilación, que lógicamente coincide con la vejez, nos llega a partir de los 64 años, aproximadamente y según el caso. Es el momento de descansar y disfrutar. No en vano la etimología nos dice que jubilar procede de júbilo. Pero para ello hay que haber sido previsor y haber planificado bien nuestros ciclos ahorrativos. Aún estamos a tiempo de revisar nuestra planificación financiera, pues bien asesorados tal vez consigamos más rentabilidad con nuestros ahorros. Además hay que aprovechar las ventajas de nuestra edad, pues son muchos los descuentos que se nos ofrecen en servicios públicos y sociales, y también es habitual la gratuidad en muchas actividades para la gente jubilada.

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