Hábitos cotidianos para evitar el despilfarro

Es muy loable buscar estrategias de ahorro cuando vienen mal dadas, o quitarse algún capricho o gasto superfluo para salir del paso, pero lo que verdaderamente funciona, y además funciona para siempre, es adoptar hábitos y buenas costumbres de gasto y ahorro que erradicarán el despilfarro de nuestra cotidianeidad. Algo que nuestra economía agradecerá de forma significativa y permanente. Vamos a ver cuáles pueden ser esos hábitos, que una vez asimilados ejecutaremos de manera automática, sin apenas esfuerzo y para siempre.

La mejor manera de ahorrar es adquirir buenas costumbres económicas.

Una buena costumbre es automatizar el ahorro aprovechando las órdenes periódicas del banco. Ordenar que se retire sistemáticamente una cantidad al ingresar el salario, de modo que no se necesita nuestra atención constante y el ahorro se asegura desde principio de mes, y no en función de lo que sobre al final. Es el llamado preahorro.

Aunque parezca obvio, no lo debe ser tanto si hay que aconsejarlo como práctica habitual. Nos referimos a hacer un presupuesto detallado de nuestros gastos fijos y nuestros ingresos, para tener clara la diferencia y, de esa cantidad, poder establecer la cifra que queremos ahorrar mensualmente.

 Los gastos innecesarios es evidente que deben ser los primeros sacrificados en aras del ahorro, pero a menudo se nos olvida controlar los gastos hormiga, que son esos tan pequeños que ni los percibimos, pero que por frecuentes y habituales suman cantidades más que significativas.

Las deudas

El principal factor de estrés financiero, y con frecuencia el verdugo del ahorro, suelen ser las deudas. Y es cierto que algunas son inevitables. La financiación de ciertas compras son inevitables dado su alto coste, tal vez inasumible en un solo pago, pero hay otras muchas que por sus bajas cantidades mensuales se asumen, a veces para pagar compras caprichosas, y acaban por desangrar nuestras finanzas. Por cierto, usar la tarjeta de crédito es una de las maneras más rápidas para acumular deudas. De compras hay que ir con la de débito. Compra hecha, gasto ejecutado. Y sin intereses.

Ni que decir tiene que la planificación es un hábito muy beneficioso para el ahorro. Y tampoco es tan complicado si se tiene un presupuesto claro y la sensatez rige las decisiones. Y una de esas decisiones sensatas es siempre ir de compras con una lista elaborada en casa y con calma. Y una vez en los comercios, no salirse del listado predeterminado. Sin excepciones, pues cada una se resta del capítulo de ahorro.

Y por último dos clásicos más. Comparar antes de comprar. No todas las tiendas ofrecen los mismos ni lo mejores precios, puesto que no todas asumen las mismas condiciones de explotación comercial. Cada consumidor debe saber lo que le interesa, y “mismo producto, mismo precio” es un slogan pegadizo pero casi siempre falso. Y antes de pagar, revisar la factura. Un hábito que debe ejercerse siempre, pues aun sin dudar de la honorabilidad de nadie, lo cierto es que los errores nos pueden salir caros a nosotros.

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