No más deuda, por favor (I)

Pongamos que hemos llegado al límite. Digamos que no hemos llevado una vida financiera sana ni seguido los sencillos consejos que mes a mes aquí se comparten. O que un revés inesperado nos ha sumido en un mar de deudas que no nos otorgan respiro. Gran parte de lo que ingresamos lo debemos destinar a pagar préstamos y tarjetas. Ante nosotros se levanta un muro económico que parece insalvable. ¿Qué hacer?

no más deuda

En primer lugar, nunca desesperar.

Cuando se refiere a este problema u otros similares, Michelle Singletary, veterana y brillante columnista de finanzas personales del Washington Post, trae a colación un viejo chiste que seguro hemos escuchado más de una vez:

–          ¿Cómo te comes un elefante?

–          Pues sencillo: a bocados. Un bocado después de otro.

Este símil se utiliza muy a menudo para describir nuestra actuación ante los desafíos que se nos presentan en la vida. Contemplados en su totalidad, nos resultan gigantescos, inabarcables, pero siempre es posible descomponerlos en retos más pequeños y alcanzables. Poco a poco, bocado a bocado, masticando sin apuros para no atragantarnos, podremos comernos ese elefante. O liquidar la mayoría de nuestras deudas, por enormes que nos parezcan.

Lo importante es reconocer el problema y afrontarlo. Personalmente, como Ms. Singletary, opino que la mejor manera de hacerlo es ir liquidando primero las obligaciones más pequeñas y “sencillas” de gestionar, para así ir ganando tracción positiva a medida que aumentan el importe y la complejidad de las deudas restantes.

Muchos expertos argumentarán que, financieramente, tiene más sentido amortizar aquellas deudas por las que debemos pagar  intereses más altos, pero empezar por lo modesto nos irá proporcionando confianza, método y recursos crecientes. Es posible que la lógica matemática nos aconseje una solución científica, pero la lógica conductiva y la experiencia cotidiana recomiendan una aproximación mucho más emocional, que se ha demostrado exitosa en la mayoría de los casos.

Una vez enfocada esta estrategia de “empezar por lo pequeño”, los pasos para ir recorriendo este camino virtuoso son bien conocidos y pueden consultarse en cualquier libro o guía sensata sobre finanzas personales. Puro sentido común:

1)      Analicemos el problema: ordenemos papeles, efectuemos cálculos y totalicemos la dimensión del daño. Dejemos de culpabilizarnos, ya no tiene sentido. Toca poner remedio. Elaboremos nuestro plan y recordemos: siempre de menos a más.

2)      Dejemos de endeudarnos, de inmediato. Las tarjetas que están echando humo, al cajón hasta nueva orden. Nuestro mantra a partir de ese momento: pagar en metálico o a débito.

3)      Ajustemos drásticamente gastos y busquemos ingresos adicionales, si es posible, para empezar a amortizar la primera deuda. Para el resto de deudas, cumplamos con nuestra obligación pero realizando el mínimo pago posible.

4)      Contactemos, siempre, con nuestros acreedores. Manifestemos nuestras intenciones y expliquemos nuestro plan, con toda honestidad y con los números por delante. Mantengamos constantemente esa realimentación.

5)      Una vez liquidada la primera deuda, no nos relajemos: a por la siguiente. Ya hemos demostrado de lo que somos capaces.

No desfallezcamos, y como dice la canción: “precaución, amigo conductor, la senda es peligrosa”. Peligrosa, larga, difícil, sin atajos pero totalmente satisfactoria cuando avanzamos en su recorrido. La sensatez, la voluntad y la responsabilidad serán nuestros mejores aliados en los momentos difíciles.

No renunciemos tampoco a pedir ayuda (familia, amigos) y a consultar con expertos en esta cuestión. Hay muchos y buenos, empezando por los profesionales de nuestras propias entidades financieras. Pero no nos dejemos engatusar por cantos de sirenas. Algunas empresas, aprovechando la situación y sacando el máximo partido de la ansiedad del deudor, prometen el oro y el moro: unificar TODAS nuestras deudas, reducir nuestros pagos mensuales al mínimo, gestionar directamente con los acreedores, evitar que nuestro nombre aparezca en los registros de impagados, etc.  Si bien suele tratarse de compañías serias y solventes, no son pocas las que despistan o directamente engañan a sus clientes, sometiéndolos a una descarada usura. En la próxima entrega trataremos este tema con mayor profundidad.

Para finalizar, nunca está de más recordar la regla de oro: preguntar, preguntar y preguntar. Contrastemos datos, y si no lo tenemos claro, sigamos preguntando.  En este espacio, por ejemplo. Estaré encantado de responderles.

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