Cómo hemos cambiado: breve historia de los presupuestos familiares en España

Los presupuestos familiares de los españoles han cambiado sustancialmente medio siglo después: Ni ganamos lo mismo, ni gastamos lo mismo, ni pagamos los mismos impuestos.

En al año 1966, una familia media española ingresaba unos 480 euros al año, esto es, unos 34 euros al mes en 14 pagas. Esta cantidad, actualizada a 2016, supone unos 11.800 euros anuales, frente a los 26.710 euros (1.908 euros al mes en 14 pagas) que una familia media ingresaba en España ese mismo año. La diferencia señala el importante cambio económico que ha tenido nuestro país en los últimos 50 años, incluso con la rémora de un régimen autoritario que nos mantuvo mucho tiempo en la autarquía y determinó una notable brecha salarial con los países europeos más desarrollados.

Ese impulso, por cierto, también se ha reflejado en la carga impositiva a los salarios. En 1966 prácticamente todo el sueldo bruto iba al bolsillo familiar, mientras que hoy en día la carga fiscal sobre el salario (IRPF y cotizaciones sociales) se lleva de media un 25% de dicho bruto, prueba fehaciente del peso del sector público y del desarrollo de nuestro Estado del bienestar. A la historia de los impuestos en España le dedicaremos un artículo posterior.

Aquellos años 60

Pero tan significativo o más que la subida en el importe de los salarios ha sido el cambio en el destino que damos a nuestros ingresos en los presupuestos familiares. En 1966, según el INE, los españoles dedicábamos:

  • Un 48,66 % de nuestros ingresos a alimentación.
  • Un 14,89% a vestido y calzado.
  • Un 7,38% a vivienda.
  • Un 9,23% a los gastos de la casa.
  • Un 19,84% a gastos diversos y vacaciones (partida que incluía, entre otros, ocio y cultura -2,77%-, enseñanza -1,55%- y transportes -3,54%-).

Si ahora revisamos la última Encuesta de Presupuestos Familiares (2016), podemos comprobar la transformación radical de la composición de nuestro gasto, 50 años después:

Presupuestos famliares: Gasto medio por hogar 2016

Entonces y ahora:

Contrastando con 1966, es fácil advertir cómo hemos cambiado:

  • Hoy gastamos mucho menos en alimentación, vestido y calzado, consecuencia tanto del aumento de nuestra renta disponible como de la de mayor variedad y competencia en la oferta existente, que ha determinado unos precios mucho más asequibles para todos. Cosas de la tan denostada economía capitalista.
  • Transporte y ocio, por su parte, tienen un peso relativo mucho mayor en nuestro gasto. Juntos superan a la alimentación como la partida de mayor gasto tras la vivienda y constituyen, de nuevo, un espejo de nuestra evolución reciente como sociedad. Además, los españoles dedicamos hoy un 9,9% de nuestros presupuestos familiares a hoteles y restaurantes, algo que los hogares medios de hace cinco décadas sólo podían permitirse en contadas ocasiones.
  • La vivienda merece un comentario aparte. Hace cincuenta años, el alquiler era la opción residencial para la mayoría de las familias españolas, pero comprar una casa era, además, mucho más accesible que en la actualidad. Para que se hagan una idea, en los años 70 adquirir un piso representaba casi el mismo esfuerzo que adquirir un coche. Todo cambió con la evolución socioeconómica y demográfica española a partir de la década de los 80 y la explosión turística. Luego llegaron los años de la burbuja y su estallido. Para los españoles, el gasto en vivienda llegó a significar más del 50% de los ingresos familiares, dramático porcentaje que se ha ido reduciendo hasta el 30,9% actual.

Sociedad y gasto familiar

El seguimiento de la Encuesta de Presupuestos Familiares, principal fuente de información para la elaboración de las ponderaciones del Índice de Precios al Consumo (IPC), nos muestra de forma cristalina cómo nuestros hábitos vitales, los avatares económicos y los avances tecnológicos condicionan nuestro gasto familiar. El siguiente cuadro de Alejandro Meraviglia en Cinco Días nos muestra gráficamente tal evolución:

Presupuestos familiares: cesta de la compra.

Ser conscientes de la composición de nuestros presupuestos familiares es una recomendación que hemos efectuado de manera insistente en esta casa. Un análisis periódico de nuestro de gasto nos permite responder preguntas tales como: ¿Conocemos bien en qué partidas podemos reducir ese gasto? ¿Sabemos de dónde proviene nuestro despilfarro? ¿Somos conscientes de nuestras prioridades?

El regreso de las vacaciones puede suponer un momento excelente para realizar de nuevo este ejercicio de responsabilidad financiera. Responsabilidad que, como tantas veces hemos repetido, es indelegable.

Never surrender, queridos lectores.

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