No más deuda, por favor (II): la esclavitud de los pequeños gastos

El pasado mes de julio reflexionábamos sobre la mejor manera de afrontar un alto endeudamiento familiar, sin desesperar en el intento. Decíamos entonces que lo importante es reconocer el problema y afrontarlo, y recomendábamos la estrategia de empezar por lo pequeño: ir liquidando primero las deudas de menor cuantía y “sencillas” de gestionar, para así ir ganando tracción positiva a medida que aumentan el importe y la complejidad de las deudas restantes.

Cetelem gastos

Nuestra primera línea de actuación, después de analizar el problema y cuantificar nuestras obligaciones, es dejar de endeudarnos más, aunque el déficit nos parezca “manejable”. El círculo vicioso que lleva de lo “manejable” al “susto o quiebra” es sobradamente conocido pero a la vez muy difícil de detectar y detener para quien está metido de lleno en él:

  1. Gastamos más de lo que ingresamos
  2. Pedimos prestado (créditos o equivalentes) para cubrir la diferencia.
  3. Una parte cada vez mayor de nuestros ingresos se dedican a pagar deudas.
  4. Seguimos endeudándonos más para mantener nuestro ritmo de vida.
  5. Nuestras deudas terminan absorbiendo toda nuestra renta.

Pero, ¿conocemos bien en qué partidas podemos reducir el gasto? ¿Sabemos de dónde proviene nuestro despilfarro? ¿Somos conscientes de nuestras prioridades?

A menudo, como reza un conocido refrán anglosajón, “el diablo está en los detalles”. En el caso de nuestro gasto familiar, tales detalles se esconden en forma de modestas partidas discrecionales a las que no prestamos atención. Para poder ayudarnos a detectarlas y cuantificarlas, se han creado herramientas tan curiosas como este “desmotivador” británico, que en unos pocos y sencillos pasos nos permite obtener una estimación de las semanas de trabajo necesarias para afrontar un conjunto de pequeños gastos que suelen pasar inadvertidos o que consideramos irrelevantes.

demotivator

Utilicemos la herramienta con un ejemplo inventado.

Consideremos al señor X.X, administrativo que percibe unas retribuciones anuales de 24.000 euros (sueldo medio actual en España) y que efectúa una serie de desembolsos menores, no esenciales, con diversa frecuencia.

Supongamos que Don X se toma cada mañana dos cortados en la cafetería que hay frente a su trabajo, donde come también durante los días laborables; consume un par de botellines de agua y algún tentempié en su larga jornada de oficina; lleva su coche al lavadero automático una vez por semana; descarga de vez en cuando alguna “app” de pago en su “smartphone”; consume material audiovisual con cierta frecuencia y compra el periódico todos los días; lava sus mejores camisas en la lavandería, y está apuntado a un gimnasio al que apenas acude. Un tipo bastante normal, ¿no les parece?

Aquí tienen el sumario anual de los gastos antes apuntados:

13-10-2014 17-19-22

El señor X gasta al año en las partidas descritas nada menos que 8.625,50 euros, lo que significa la friolera de 27,9 semanas de trabajo con su sueldo (*). Siete meses. Y menos mal que dejó de fumar hace tiempo, porque el dispendio adicional en tabaco le supondría otros 832 euros al año. Díganme si esta tabla no les resulta llamativa, y díganme también si no se les ocurren inmediatamente capítulos de gasto que eliminar o corregir sin demasiado esfuerzo. No creo que hagan falta muchas más explicaciones por mi parte.

Les animo a repetir el ejemplo con su propia economía y a tomar medidas de ajuste en consecuencia. Sus bolsillos se lo agradecerán, sin duda. Entretanto, ¿alguna sugerencia que compartir con el resto de lectores?

(*) La herramienta ofrece un cálculo aproximado, basado en unos parámetros sencillos. Se asume una vida laboral de 45 años y una semana de trabajo de 35 horas. Asimismo, se estima una carga impositiva media del 33%.

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