¿Regalar economía en la literatura o literatura con economía?

Encontrarse economía en la literatura es mucho más frecuente de lo que pensamos. Es precisamente en las grandes novelas donde se hallan los mejores textos y pasajes económicos. Las novelas, los poemas de los grandes escritores no carecen de referencias económicas y financieras. No podía ser de otra manera. La economía es consustancial a las actividades humanas.

Economía en la literatura

Para muestra un botón: más de 30 millones de resultados en Google para la búsqueda “economía en la literatura”.

Este año he decidido regalar un libro por las fiestas navideñas. Ni por asomo se me ocurriría elegir un manual de finanzas, emprendimiento o gestión. Pero tampoco está de más que, disfrutando de una lectura amena, se pueda aprender algo de economía.

Economía en la literatura, un blog que suma en la misión de difundir la cultura financiera, recoge estos pasajes económicos en las obras literarias. “Cuando un autor escribe sobre la vida (¿qué otra cosa interesa a la literatura?), antes o después tiene que pasar por la economía”, explica su autor, Manuel Moreno Capa, periodista financiero y económico que persigue en esta bitácora “gozar de una gran obra literaria y, al tiempo, descubrir en ella unas páginas, o siquiera unos párrafos, que cuentan una historia económica quizás mucho mejor que lo haría un premio Nobel del ramo”.

Economía en la literatura clásica: Moby Dick

Quizá uno de los clásicos de la literatura que mejores consejos financieros reúne para los jóvenes y los no tan jóvenes es la novela Moby Dick, de Herman Melville.

“… Yo siempre me hago a la mar como marinero porque se empeñan en pagarme por la molestia; mientras, que yo sepa, jamás pagan un solo penique a los pasajeros. Al contrario, los propios pasajeros tienen que pagar. Y entre pagar y que le paguen a uno, hay la mayor diferencia de este mundo. El acto de pagar es quizá la aflicción más incómoda que nos legaron aquellos dos ladrones del frutal.”

En esta alusión a Adán y Eva, Melville describe una de las más importantes dicotomías que se dan en el mundo de la economía real: “pagar o que te paguen”. Un acto que tenemos ya reflejo en el día a día, que lo realizamos inconscientemente, como cuando respiramos, pero que constituye una de las piedras angulares de la cosa económica. Moby Dick, señala Moreno Capa, recoge además, detalladas descripciones del negocio ballenero de mediados del siglo XIX, que todavía perviven en el sistema capitalista de nuestros días:

“Resultó ser el capitán Bildad, que, junto con el capitán Peleg, era uno de los principales propietarios del barco, mientras que las demás partes, como a veces ocurre en esos puestos, las tenían multitud de viejos rentistas, viudas, niños sin padre y tutores judiciales, cada cual dueño de cerca del valor de una cabeza de cuaderna, un pie de tabla, o un clavo o dos del barco. La gente de Nantucket invierte el dinero en barcos balleneros, del mismo modo que vosotros invertís el vuestro en títulos del Estado que producen buenos intereses.”

El mismo principio que se sigue en un fondo de inversión en la actualidad, o en una sociedad cuyo capital está repartido en acciones. Las referencias a la economía en la literatura también han sido fuente de inspiración para poetas, como Antonio Machado, que en su poema Retrato da un consejo propio de un buen asesor financiero:

“Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
El traje que me cubre y la mansión que habito,
El pan que me alimenta y el lecho donde yago.”

No gastar más de lo que ganas y ganar para cubrir las necesidades del día a día y honrar las deudas, es uno de los principios que recomiendan todas las guías de finanzas para todos que han proliferado después de que la crisis financiera dejase al descubierto el enorme déficit de cultura financiera que tenemos los españoles.

Economía en la literatura actual: El señor de los anillos y Harry Potter

Como vamos viendo, los ejemplos de economía en la literatura no son aislados, cualquier obra estrella en ventas, no ha podido sustraerse a mencionar algún aspecto financiero cotidiano o teoría económica. Una alegoría al enfrentamiento de las teorías económicas que pugnaron en la segunda mitad del siglo pasado, lo encontramos en el El señor de los anillos, del escritor británico J. R. R. Tolkien. Fue publicada en 1954, años iniciales de lo que se llamó “la guerra fría” después de que se configurara el orden mundial que pervivió en la segunda mitas del siglo XX, tras la Segunda Guerra Mundial. En su argumento, el mediático economista Carlos Rodríguez Braun ha identificado un paradigma del liberalismo frente al colectivismo.

“Un Anillo para gobernarlos a todos. Un anillo para encontrarlos,
un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tiniebla
en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.”

Para Rodríguez Braun, toda la aventura apunta al lema de Edmund Burke “Force is evil”. Con el anillo se pueden hacer cosas buenas, pero los sabios deciden que es imprescindible destruirlo. El poder puede volverse contra los débiles, contra la clase media del mundo occidental, representada por los habitantes de La Comarca, los medianos. La libertad ciudadana frente al Estado omnipresente conduce la aventura de un héroe, con expresión de debilidad máxima, que debe destruir el anillo en las tierras de Mordor, donde se aloja el mal, curiosamente situado en el Este del mundo Tolkien.

¿Y Harry Potter? La ya heptalogía (siete libros) de la escritora “Jo” Rowling, que firma con el seudónimo J. K. Rowling, tampoco carece de ejemplos con pasajes de economía en la literatura actual. Tom Morris, autor del libro Si Harry Potter dirigiera la General Electric y otros títulos sobre liderazgo empresarial, ilustra cómo los secretos, la sabiduría y la ética del liderazgo están presentes en la sociedad mágica de Harry Potter. Los valores que deben rodear al emprendedor (valentía, respeto a los demás, a las normas, el juego limpio) están presentes en el personaje de Dumbledore, el director de Hogwarts, un líder natural y ‘en muchos sentidos, una figura aristotélica’. Las claves que conducen al liderazgo empresarial se enumeran también en los diferentes capítulos de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry.

“La autoridad reposa ante todo, sobre la razón. Si ordenas a tu pueblo tirarse al mar, hará la revolución. Tengo derecho a exigir obediencia porque mis órdenes son razonables”, afirma el Rey, que añade, “es necesario exigir a cada uno lo que cada uno puede dar.”

Son cientos, miles los extractos de las grandes novelas actuales y clásicas que citan consejos o definiciones de economía. En la Literatura están presentes los temas actuales de la economía global y local:

  • Los créditos de La Fundación que se usan como moneda corriente en el mundo que describe Issac Asimov, donde el comercio y la economía han sustituido a la religión como forma de dominación a medida que los pueblos se han ido desarrollando.
  • La más brillante explicación sobre el funcionamiento del mercado de bonos está en La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe, aporta Moreno Capa.

Recurso para textos de economía

Descripciones visuales, ilustradas con metáforas, avaladas por un estilo comprensible, del funcionamiento de la economía son, a la hora de forjar conceptos, una herramienta imprescindible tanto para el que aprende cómo el que enseña. Además, webs y blogs como Economía en la Literatura se convierten en un valioso recurso para quienes tienen que escribir textos económicos y financieros con buen estilo y comprensibles que se pueden enriquecer con referencias a autores de literatura de primer nivel.

Sin embargo no hay que ser fundamentalistas a la hora de responder a la pregunta que titula este artículo. Enseñar economía no es el objetivo de la literatura. Elegir un libro es hojearlo, dejarse seducir por el título, anticiparse a la historia que cuenta dentro, antes de sumergirnos en el mundo al que nos va transportar. Ése debe ser el fin último.

Finalmente, opté por regalar Narciso y Goldmundo, de Hermann Hesse, pintor y novelista alemán (nacionalizado suizo) y Premio Nobel de Literatura en 1946. Apenas tiene referencias a la economía en sus páginas, a diferencia de lo que sucede en otras obras de Hesse como Demian o en Siddhartha. Sin embargo, encierra otros valores que le hacen apto para ser recomendado en estas fechas, como el del apego al dinero por razones distintas a las económicas.

“Teníale cariño al ducado, no se resignaba a su pérdida. Es verdad que el dinero no significaba gran cosa para él, apenas conocía su valor. Pero aquella moneda de oro había llegado a adquirir importancia a sus ojos. Era el único regalo de Lidia que conservaba”.

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