Derechos como clientes de un restaurante

Lo prometido es deuda, toca hoy cumplir lo prometido cuando hablamos del derecho de admisión y escribir sobre los derechos que tenemos como clientes cuando estamos en un bar o restaurante. Por supuesto existen muchas más obligaciones para bares y restaurantes de las que trataremos, tanto desde el punto de vista de higiene y sanidad (conservación, separar alimentos cocinados de los crudos, cámaras frigoríficas…) como del de seguridad (salidas de emergencias, luces, extintores) o accesibilidad, y todas ellas implican derechos para los clientes, pero aquí nos centraremos ahora en el aspecto más directo de “restaurante-cliente, ocupándonos en otro momento de esas otras obligaciones (para no dedicar más páginas de las necesarias a este post.. y que, hablando de restaurantes, su digestión no se haga pesada).

Clientes restaurante

El precio

Es indudable que uno de los principales factores que inciden a la hora de escoger un restaurante (además de recomendaciones, ubicación, etc…) es el precio del mismo. Tenemos derecho a conocer el precio completo (y con información desglosada de cuanto corresponde al IVA) de todos los alimentos, lo que incluye el pan, agua o aperitivos: Si estos se van a cobrar a parte debe venir indicado en la carta de precios.

De este modo, si nos sirven sin solicitarlo pan, vino o cualquier otra cosa, podremos pedirle al camarero que lo retire. Y lo mismo sirve en las ocasiones en las que el pan o el vino están ya en nuestra mesa incluso antes de sentarnos, ya que ello no debe interpretarse como un regalo. Como no queremos llamarlo algo más feo, conformémonos con decir que se trata de una “treta” del local para que consumamos estos productos y luego cobrarlos. En cualquier caso, su precio debe aparecer en la lista de precios.

Mención aparte merecen los casos en que, al lado del producto en la carta aparece el texto “SPM” o “Según precio de mercado”. El hecho de que el precio de determinados productos (especialmente pescados y mariscos) varié mucho de un día para otro no puede suponer sorpresas desagradables para el consumidor, que sigue teniendo derecho a conocer el precio: En el local deberán indicaros cual es el precio exacto para ese día.

Producto, calidad y publicidad engañosa

Además del precio, como clientes tenemos derecho a que lo pedido se encuentre en buen estado y en condiciones de ser consumido. Esto incluye comida en mal estado (podrida, pasada…) pero también aquella que, por haber sido mal cocinada no pueda ser consumida (demasiado quemada, con un exceso grave de sal o picante que la haga incomible, etc…).

Si nos encontramos en alguna de esta situaciones, podremos pedir que se nos retire el plato y se nos cambie por otro, o simplemente devolverlo sin más, ya que este tipo de actuación por el restaurante supondría un claro incumplimiento contractual (en definitiva consumir en un restaurante no es sino un contrato, en el que pagas por algo que es lo que te deben dar.. y si no cumple las condiciones mínimas para ser consumido no sirve para ese fin principal y nuestra obligación de pago tampoco aparece).

En ocasiones nos encontramos conque determinados servicios cuentan con unas diferencias muy importantes entre lo que prometen y lo que realmente está a nuestro alcance por el precio pactado. De este modo, si en un buffet libre con una amplia carta ofrecida resulta que la mayor parte de los platos están agotados (o simplemente no se ofrecen en realidad) podemos reclamar por haber publicitado algo que no se corresponde con la realidad.

Lo dicho resulta válido también para los casos de “garrafón”, es decir, cuando solicitas una determinada bebida en un local y te dan otra (normalmente de calidad inferior). En estos casos resulta especialmente importante el tema de la prueba y la presencia de la policía para que sean ellos quienes recojan muestras de lo consumido y lo vendido en el local, a las que luego se realizarán los test necesarios para determinar si efectivamente la copa que te vendieron como “ginebra de primera calidad premium marca La Mejor” por 12 euros era eso o.. bueno, algo a 2 céntimos el litro en botella de plástico.

Daños y cómo actuar

Si el restaurante se niega a retirar el plato, o pretende cobrarlo incluso después de haberlo retirado podremos solicitar el libro de reclamaciones, e incluso reclamar la presencia de la policía en caso de que no tengan el libro o queramos asegurarnos prueba de lo sucedido.

Del mismo modo en el caso de que un camarero nos manche la ropa con vino, o si se nos cae una lámpara en la cabeza o nos tropezamos con una baldosa hueca en el restaurante (podemos poner aquí el ejemplo que se os ocurra) el restaurante deberá responder por los daños causados, y nuevamente será importantísimo contar con toda la prueba posible (testigos incluidos), la presencia policial y los justificantes médicos de la atención recibida y las secuelas causadas (en su caso), o del valor de la ropa estropeada, coste de su limpieza, etc.. En cada caso los medios de prueba serán diferentes pero es importante guardar los máximos posibles.

Al hilo del tema de las pruebas, todos los restaurantes tienen obligación de facilitar factura (con los mismos requisitos que el resto de facturas, es decir, NIF del establecimiento, precio desglosado, fecha, productos consumidos…) aunque para el caso de las cafeterías es suficiente con que den un justificante del precio y productos consumidos.

Con cabeza

Por supuesto, deberemos ser razonables en este tipo de reclamaciones y solicitarlas únicamente cuando el producto sea, objetivamente, no apto para su consumo, o realmente incomible por su cocinado. En cualquier otro caso podríamos estar hablando de gustos subjetivos que no son reclamables (a mi particularmente no me gustan las cosas con mucha cebolla, pero no por ello puedo decir que el plato esté mal hecho o no se pueda consumir). Así que, con respeto y tranquilidad (intentemos no ponernos a chillar en los restaurantes, que en eso somos los mayores especialistas en toda Europa), respetemos nuestros derechos sin pretender abusar de ellos, y sobre todo, buen provecho y buen rato, que es al final lo que queremos como clientes ¿no?

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