Cuidado con el uso de la IA para invertir
Mucho se está escribiendo de la Inteligencia Artificial y sus posibles aplicaciones a todos los niveles y en todos los sectores. Sobre las posibles consecuencias de su uso indiscriminado y de cómo debe regularse ese uso para poner límites a una tecnología que parece no tenerlos. Y desde luego las finanzas no son ajenas al debate, y son ya muchas las voces que advierten de los riesgos que supone el uso de la IA para invertir.
En esta línea, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha publicado un estudio de investigación sobre el uso de la IA sin supervisión humana en decisiones de inversión, en el cual se han detectado fallos y errores en las valoraciones que pueden inducir a pérdidas a los inversores que se han dejado guiar por ellas.
Los riesgos del uso de la IA para invertir
El uso de las tecnologías como apoyo y herramientas para mejorar los rendimientos de todo tipo de operaciones es algo sobre lo que nadie discute. Vivimos en la era digital y ningún aspecto socioeconómico puede vivir al margen. Pero renunciar a la supervisión humana y ceder la toma de decisiones a la inteligencia artificial, no es una buena idea. Al menos en materia de inversiones, según señala el informe.
En las conclusiones publicadas por el CNMV, el uso de la IA para invertir sin intervención humana conlleva riesgos operativos significativos. Y el más evidente de ellos sería el de provocar pérdidas económicas significativas para aquellos inversores que operen de este modo.
Errores más comunes en el uso de la IA para invertir
La Inteligencia Artificial no es infalible, de modo que conviene ser cauto y no confiarle ciegamente algo tan relevante como nuestras finanzas.
Según los autores del estudio de la CNMV, tras evaluar los resultados de cuatro modelos avanzados de Inteligencia Artificial, estas herramientas digitales presentan “fallos recurrentes de razonamiento, incluyendo errores computacionales, interpretaciones financieras incorrectas y el uso de información desactualizada o incluso inventada. Eso que se ha dado en llamar “alucinaciones de la Inteligencia Artificial”.
Estos errores de cálculo o interpretación inciden especialmente en las consultas simples, sin estructura ni contexto, lo cual evidencia la importancia de utilizar canales acreditados y establecer mecanismos de supervisión en cualquier operación inversora que se acometa.
Información no verificada
Entre los errores de la IA se halla el de recabar información a lo largo y ancho de la inmensidad de la red, por lo cual hay riesgo de que de por buenos recogidos de foros poco fiables, o que directamente puedan ser fakes. En el peor de los casos.
De ahí la importancia de operar siempre con la garantía de hacerlo con información verificada. Empleando siempre fuentes de información contrastadas frente al contenido difuso y general de la web, que puede presentar narrativas contradictorias o sesgadas. Es decir, modelos de inversión basados en la información procedente de supervisores como la propia CNMV.
Inteligencia humana y artificial, combinación perfecta
No se sabe cuáles serán los límites de la IA en un futuro. Ni siquiera si los habrá. Pero hoy parece sensato ejercer un control humano al enorme potencial de las tecnologías para asumir y redimensionar funciones que antes desarrollaban personas. Profesionales especializados y acreditados en una u otra materia.
La importancia del factor humano en el uso de la IA para invertir es evidente. Es la garantía de fiabilidad que la tecnología no puede aportar en la actualidad, suponiendo por ello un riesgo para los inversores que la utilizan sin supervisión. Combinar la inteligencia humana y artificial es hoy en día la fórmula más fiable.
Y así lo manifiesta el estudio de la CNMV: “la integración de la IA en los mercados financieros no constituye solo un reto tecnológico, sino también organizativo. Para que la capacidad generativa de estos modelos se traduzca en resultados fiables, resulta necesario establecer un marco colaborativo en el que la potencia de procesamiento de la IA esté sujeta a procesos de verificación rigurosos, y a una validación humana sistemática que permita mitigar los riesgos asociados cuando se detectan”.
