¿Qué es la insolvencia y cómo evitarla?

Es habitual oír o leer en noticias que tal o cual persona se ha declarado insolvente, pero tal vez no sepamos en qué consiste exactamente y que supone para el afectado dicho estado financiero, la insolvencia. Veámoslo, pues conviene saberlo y, sobre todo, tomar las medidas oportunas para evitar llegar a esta situación económica.

La insolvencia consiste en la incapacidad de pagar las deudas.

La insolvencia es la incapacidad que tiene una persona o empresa de pagar en plazo sus obligaciones económicas o sus deudas. Una situación que en los casos empresariales llevan a la sociedad implicada al borde de la quiebra.

Tanto las personas físicas como las empresas adquieren deudas o solicitan préstamos que deberán devolver en un plazo establecido y con intereses. Es la dinámica habitual tanto de la economía doméstica como de las finanzas empresariales. Pero es fundamental que cuando se contraen dichas obligaciones se planifique previamente la devolución al prestamista para evitar problemas financieros. No poder hacerlo conllevaría derivar a una situación de insolvencia, que es cuando no se puede hacer frente a las deudas en los plazos pactados, y eso implica la descapitalización y la bancarrota.

Para evitar llegar a esta situación de insolvencia, hay que tener siempre en cuenta los plazos pactados, la cuantía de las cuotas o estar preparado para cubrir algún imprevisto, como la disminución o pérdida de ingresos o un aumento inesperado de gastos. Algo que a veces sobreviene de forma inevitable y deberá afrontarse con estrategias de crisis y negociando con los acreedores, pero que nunca debería producirse a causa de una gestión financiera incorrecta o irresponsable.

Insolvencia de liquidez

En función de las circunstancias existen dos tipos básicos de insolvencia. Uno de carácter temporal y otro caracterizado por ser un estado más permanente. El primero se refiere a la llamada insolvencia de flujo de caja o efectivo. Lo que suele llamarse insolvencia de liquidez, y es cuando una persona o empresa no dispone del suficiente efectivo para pagar las obligaciones financieras en la fecha pactada, pero sí cuenta con los recursos necesarios para hacerlo en un plazo de tiempo corto. En tal caso, deberá negociar en base a sus expectativas de negocio y conseguir un aplazamiento para el pago de sus deudas, que deberá cubrir asumiendo un interés de demora.

El otro caso es la insolvencia de balance o patrimonial, que consiste en que  el tamaño de las obligaciones financieras de una persona o empresa es tan grande que es imposible pagarlas, tanto con los ingresos actuales como con la venta de los activos. Si la empresa no consigue un incremento de capital por parte de los socios o financiamiento adicional, la solución suele pasar por la venta de activos para pagar a los acreedores y liquidar la empresa.

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