La economía en el cine… La número uno

Cartel de la película francesa La Número uno

Estamos frente a una película o un debate político, frente a un ensayo socialmente comprometido o una crónica beligerante de estos tiempos de paridad genérica y de reivindicaciones feministas. La número uno pretende conseguir un efecto espejo de la realidad, de lo que podría ser la realidad o de lo que nunca será. Pues bien, si no le ponemos interrogantes a estas preguntas es porqué más bien se trata de reflexiones, y no necesitan necesariamente respuesta. El film es ficción, aunque inspirada, eso sí, en una triste realidad que ocupa telediarios y corrillos de bar a diario, pero dista mucho de tener solución, y mucho más de normalizarse. Al menos de momento. Y no lo hará esta película insignificante. Sobre todo porque resulta de lo más aburrida, y uno tiende a no prestarle mucha atención a aquello que le amodorra. El olvido es su destino. Pero es que además es algo confusa, y difusa. Plantea luchas de poder empresarial, y político, allí donde la mujer sigue siendo una intrusa; en esas altas esferas financieras, que de machistas son misóginas – que no es lo mismo, pero se parecen mucho y a menudo devienen sinónimos-. Ese territorio aún vetado a la presencia femenina. Un magnífico escenario para plantear un drama actual sobre la inclusión laboral, la igualdad de oportunidades y las confrontaciones sexistas, pero que resulta irrelevante en esta película planteada como si de una campaña electoral se tratase, aunque consiste en la designación de un/una directora general de una corporación multinacional. Con su juego sucio, el tráfico de influencias, los trapos sucios, los intereses creados, los favores, traiciones, lealtades, etc. Y no es que no interese la propuesta en sí misma. Las series House of cards, The good wife, Scandal o el Ala oeste de la Casablanca son magníficas. Pero el tono lánguido, sesteante, inerte a ratos de este film, hace que por momentos parezca quedarse en stand by emocional, y que el relato pierda todo el brío y la intensidad necesaria para que nos importe esa carrera en pos del poder y la justicia femenina. Es como una película rodada con sordina. Tímida. Y es una mala cualidad para un tema como éste.

Dirección: Tonie Marshall.

Intérpretes: Emmanuelle Devos,  Suzanne Clément,  Richard Berry.

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