Hombres, mujeres y niños: consumismo 2.0

La navidad es el periodo social consumista por antonomasia. Las nuevas tecnologías marcan hoy la dinámica social. Tanto para consumir como para ser consumidas. Nadie es ajeno a este mercado electrónico que nos gobierna. Y todo ello está – más o menos- presente en este film. Pero vayamos por partes, porque en el más o menos está el quid de “esta” cuestión. 

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Tenemos dos películas. La que ha hecho Jason Reitman, de título Hombres, mujeres y niños, que no es gran cosa. Le falta garra, contundencia y bastante carisma en las relaciones retratadas, que ni conmueven ni sobrecogen, por culpa tanto del rutinario diseño de personajes como de los intérpretes que los encarnan con un naturalismo algo desganado. Y después la que se han inventado en el departamento de promoción de la productora, que se titularía Hombres, mujeres y niños 2.0, según se desprende de todo lo dicho en pasquines, tráileres y entrevistas previas al estreno, pero que en realidad no existe. Supongo que fue una poco ética maniobra publicitaria para conseguir que se hablara de ella o que se contextualizara en una problemática social actual que la hiciera atractiva; la de las controversias de la incomunicación en un mundo donde internet y la telefonía móvil multifuncional nos acerca a todo el mundo a la vez que nos aísla del prójimo, creando auténticos autistas globalizados. Un interesante planteamiento de haberse planteado, pero no es el caso. Y basar la promoción de un film en una falsedad es feo. Es trampa. Porqué sí, la película está llena de ordenadores, móviles y videojuegos; facebook, twiters, páginas de contactos, porno on line…, pero nada de todo eso es consubstancial a la historia. Ni tan solo la condiciona o la define. De hecho, todas y cada una de las relaciones narradas, con sus conflictos, dudas, pasiones, decepciones e ilusiones, podrían haberse rodado en los 80 sin que cambiara una sola línea del guion. Solo afectaría al atrezzo electrónico y digital. Es más, ya se ha contado mil veces, y a menudo mejor que en este film. Ya había madres castradoras antes de que Jennifer Gardner espiara los mails de su hija. Tampoco es nuevo que un joven acuda al rol (aunque no video-rol) para refugiarse y evadirse de una traumática realidad familiar. Las infidelidades se descubrían aunque no hubiera facebook, la anorexia existe aunque no la instiguen en webs de moda adolescente, y los execrables concursos de barbies americanas ahora los maquillan de bloc fotográfico para cheerleaders adolescentes. Vamos que es lo de siempre, y no una crónica sobre las consecuencias de la rutina tecnológica en las relaciones humanas, tal y como nos han querido vender. Aunque el verdadero problema no es este, sino que la cinta es sosa, inconsistente y hasta pretenciosa en su metafórico hilo conductor cosmológico. Muy floja.

 

 

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