Europa data en 2035 el final de los vehículos de gasolina y diésel

Es la crónica de una muerte anunciada, pero el fin del diésel y de los coches de gasolina se iba postergando en el tiempo y no llegaba a concretarse, pese a ser una de las medidas estrella de la lucha medioambiental de la Unión Europea. Pero finalmente le han puesto fecha: 2035. Ese será el año en que se prohibirá definitivamente la venta de los vehículos de combustión en territorio europeo. Aunque aún podrán circular los que ya estén matriculados.

La Unión Europea quiere garantizar la neutralidad de carbono en 2050. Y para ello se ha propuesto una reducción de gases de efecto invernadero del 55% en 2030, con respecto a 2021. La automoción será, sin lugar a dudas, uno de los sectores sobre los que se exigirá un mayor esfuerzo para alcanzar la neutralidad.

Un objetivo que parecía difícil de alcanzar atendiendo a los resultados de las restricciones impuestas en los últimos años. En 2018, por ejemplo, se propuso el objetivo de reducir las emisiones de CO2, de los turismos nuevos vendidos en la Unión Europea en 2030, en un 37,5% con respecto a 2021. No resultó muy eficaz.

Ante el temor de que el objetivo de alcanzar la neutralidad de carbono en la Unión Europea en 2050 no se alcance, la Comisión Europea ha establecido este nuevo reto, mucho más ambicioso: cesar la venta de cualquier automóvil que no sea eléctrico – es decir, de baterías o hidrógeno – en 2035.

Transición eléctrica

La transición hacia el coche eléctrico requerirá de una ingente inversión, tanto pública como privada, ya que aún no está tan implantado como sería necesario.

Forzosamente, esta medida ha de verse complementada por un despliegue de medios sin precedentes para dar lugar a una infraestructura que respalde la inminente demanda de coches eléctricos que está por llegar. Así pues, la Comisión exigirá a los Estados miembros que amplíen la capacidad de carga en consonancia con la venta de vehículos de cero emisiones y que instalen puntos de recarga y de repostaje a intervalos regulares en las principales autopistas, siendo a cada 60 kilómetros en el caso de puntos de recarga eléctrica y cada 150 kilómetros para el repostaje de hidrógeno.

Estos puntos de recarga serían de una potencia total de 300 kW en 2025 y pasar a ser de 600 kW en 2030.

Las medidas para reducir la huella de carbono de Europa no se aplican solo al transporte terrestre, también se menciona la necesidad para el transporte aéreo y marítimo de ir adoptando progresivamente combustibles alternativos.

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