Crítica de “Negocios con resaca”: ética laboral, ruina empresarial

Cartel de la poelícula

Alguno pensará que el deprimido mercado laboral y el dañado tejido empresarial, la ética profesional y la competitividad, no son temas como para frivolizar. Y mucho menos para caricaturizar. Pero aquí está Negocios con resaca para demostrar, sin ser un buen film, que a veces es mejor reír que llorar. Su título original, por cierto, sería algo así como Negocios inacabados (Unfinished business), que para nada resulta tan forzado y estúpido como el que le han endiñado los distribuidores españoles.

Un título así disuadiría a cualquier espectador con un mínimo de buen gusto, pero esta comedia merece una oportunidad. Es tonta, sí; y se desmadra además innecesaria y gratuitamente. Y lo hace además con un criterio de contención que resulta inconveniente, casi incongruente. ¿Para qué frenarse si propone el desenfreno? Pero precisamente eso le da un punto a contracorriente, inesperado, que la hace algo más interesante. Casi diferente,  porque lo ejecuta con cierto tacto ingenuo, casi tierno, con humor más allá del chiste malo y la grosería, que la hay, y mucha. Y así la cinta, entre mucho e indigesto material de derribo, llega a ser simpática más allá de las risotadas que pretende, y que apenas consigue. Solo algunas. Pero el espectador se apalanca en la sonrisa, y se deja llevar por un tufillo moralista que, entre gansadas, y si no te lo tomas muy en serio, no incomoda. Es evidente, algo pusilánime y bastante conservador, pero no intenta imponer nada, ni ser aleccionador, ni convencer ni escandalizar. Todo a medias, en la zona tibia, y aunque no sea ni una gran historia ni un gran mensaje ni sus interpretaciones sean para recordar (Tom Wilkinson, ¿qué hace un actor como tú en una película como esta?), lo cierto es que supera con creces a cintas aún más bobas (a ratos ésta lo es bastante), que lucen títulos de la misma guisa. Y es que, al menos a mí, que no suelo ser su público ni un espectador demasiado complaciente con este tipo de productos, los tres personajes protagonistas: tres histriones bobalicones en la línea payasa del augusto y sus dos contrapuntos, acabaron por caerme bien con todas sus absurdas y excesivas excentricidades. Y ya se sabe que uno a sus amigos nunca los ve tan feos.

En suma, no me atrevería a recomendar este film a cualquier paladar, y entendería los reproches de quienes sí atendieran mi recomendación y después no sintonizaran con esta comedia intrascendente y facilona; pero hay tonterías que caen en gracia, y a mi esta me parece graciosa. Incluso Vince Vaughn me pareció algo más comedido que de costumbre. Y se agradece, desde luego.

 

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