El proteccionismo, más allá de Donald Trump

America First“, esta fue la frase estrella del discurso con el que Donald Trump inauguró su presidencia de EEUU. Con ella, el nuevo líder de la Casa Blanca ponía en marcha la ideología con la que tiene la intención de conducir la, hasta ahora, primera economía del planeta: el proteccionismo.

Como no podía ser de otra forma en un mundo globalizado, las intenciones de Trump han desatado la preocupación y controversia entre:

  • los detractores del presidente,
  • sus hasta ahora socios comerciales
  • e, incluso, entre los países que ven riesgos futuros de esta política.

El proteccionismo más allá de Donald Trump - Domestica tu Economía

Pero, aunque no lo parezca, la decisión de Trump de abrazar el proteccionismo no es tan extraordinaria como se podría pensar dadas las reacciones de alarma. Porque a pesar de las declaraciones públicas, lo cierto es que por mucho amor al librecambio y a la liberación de fronteras que proclamen los políticos del siglo XXI, ningún país del mundo está exento de restricciones comerciales.

Según los datos de Global Trade Alert en 2015, Estados Unidos era el quinto país del planeta más proteccionista con 206 medidas restrictivas, superado por La Unión Europea (con 510 medidas de restricciones comerciales en marcha), India (354), Rusia (338) y Argentina (278).

El siglo XVII, la cuna del proteccionismo

Lo que también es cierto, es que hay que remontarse al siglo XVII y XVIII para encontrar algo parecido a un “trending topic” de la cultura proteccionista. Era la época dominada por el mercantilismo. Una teoría económica, que proclamaba los beneficios del control de las fronteras, sobre todo para los países menos desarrollados.

En una de sus versiones más extremas, enunciada por Von Hornick, se establecen nueve reglas de aplicación. Entre las que destaca algo tan propio del proteccionismo como: el establecimiento del control de fronteras como la mejor herramienta que un país en desarrollo puede implantar para impulsar su tejido industrial.

Con esa medida se frena la competencia externa frente a productos más baratos, además se obliga a la industria local a diversificarse para poder ofrecer a la población todos los productos que quedan frenados en la frontera. La exportación de oro y plata debe estar prohibida, según Hornick, igual que la de las materias primas en la medida de lo posible, etc.

Según esta teoría, estas medidas estimulan la riqueza interna y la creación de empleo. Aunque la preocupación de los mercantilistas por la calidad de los trabajadores del sistema productivo brilla por su ausencia. Además, la implantación de tasas y gravámenes aduaneros se aconseja como la mejor fuente de recaudación para el Estado. Más allá de los beneficios que produce esa tasa, quienes las pagan no son ciudadanos que puedan sentirse decepcionados con su Gobierno y protestar o revelarse.

En el siglo XIX, el economista Friedrich List trató de apuntalar teóricamente la postura del proteccionismo. Sus escritos aseguran “que la libre competencia solo es posible entre naciones fuertes”. Así se justificada que los estados surgidos en aquella época pudieran blindar sus fronteras y hacer frente a las teorías librecambistas imperantes en la comunidad económica de la época. Sus enunciados sirvieron tanto para justificar la política económica de la Alemania de Bismarck como la de Hitler.

Los ejemplos de Reino Unido y EEUU

Pero no solo los nuevos estados se atrincheraron tras el proteccionismo para hacerse grandes. El ejemplo más llamativo tal vez sea Gran Bretaña. El país conocido por ser la cuna de Adam Smith, el economista que dio vida al librecambismo, también ha sido uno de los que más acérrimamente ha aplicado el proteccionismo a lo largo de la historia.

Lo hizo antes del triunfo del mercantilismo, en la época del rey Eduardo III (siglo XII), para proteger la manufactura de tejidos de lana. Lo aplicó también el rey Enrique VII (siglo XV) para transformar al país en el primer exportador de lanas del mundo de entonces. Además, en pleno siglo XIX, con la revolución industrial ya consolidada, Gran Bretaña continuaba aplicando altas tarifas aduaneras a productos manufacturados. No fue hasta 1860 cuando el país adoptó el librecambio que tanto había defendido su ciudadano Adam Smith.

En Estados Unidos, el repaso de la historia también arroja sorpresas. Pese a ser identificado como el país de las libertades y cuna de la globalización, ha sido uno de los más proteccionistas desde su independencia. Muchos libros de historia atribuyen a Abraham Lincon la siguiente frase: “Yo no sé gran cosa de aranceles. Lo que sí sé es que cuando compro una chaqueta de Inglaterra, yo me quedo con la chaqueta e Inglaterra con el dinero, mientras que, si la compro en Estados Unidos, yo me quedo con la chaqueta y Estados Unidos con el dinero.”

El proteccionismo de Hoover tras la crisis de 1929

Aunque no fue Lincon el más proteccionista de los presidentes del país. Ese calificativo tal vez se le puede atribuir a Herbert Hoover, en una reacción muy similar a la del actual presidente Trump. En 1930, tras el gran crack de 1929, decidió implantar una tasa denominada Smoot_Hawley, que gravaba unos 20.000 productos externos con un arancel que rondó el 50% entre 1931 y 1935, casi el doble de lo aplicado en los años anteriores al crack bursátil.

La decisión de aplicar el proteccionismo, como está ocurriendo ahora, puso en pie de guerra a los economistas y a los socios comerciales de Estados Unidos. Más de mil economistas y expertos firmaron una protesta para pedir al entonces presidente Hoover la retirada de la ley Smoot Hawlwey. Canadá, en principio el país más afectado, desató la guerra comercial, implantó un arancel del 30% a los productos más vendidos desde EEUU y convenció a los socios de la Commonwealth para reaccionar en un sentido similar. Francia y Alemania también se alinearon comercialmente contra Hoover.

El resultado deterioró la balanza comercial de EEUU. Las importaciones se hundieron alrededor del 66%, mientras que las exportaciones cayeron un 61%. Siguió una dura constricción económica agravada por los efectos de la propia crisis financiera.

Solo un aviso a navegantes de lo que habría que evitar si Trump lleva a cabo sus intenciones proteccionistas. De hecho, los informes de los principales analistas económicos ya lo están reflejando como un posible riesgo real. Morgan Stanley asegura en su último informe: “Esas políticas podrían mejorar las condiciones económicas de los Estados Unidos en el corto plazo, pero los efectos a largo plazo del proteccionismo -desde la reforma fiscal propuesta a los aranceles de importación y la posible renegociación de los acuerdos de libre comercio- serían negativos, tanto a nivel nacional como mundial”.

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