Calefacción a la carta o el confort optimizado

El ahorro es uno de los objetivos más importantes de las familias españolas en los últimos años. Tanto que se ha convertido en necesidad perentoria más que en un propósito de austeridad doméstica. Y en materia de confort el ahorro debe comenzar por la calefacción, que siempre resultará más barata para un hogar si desde el principio se elige el sistema idóneo para cada inmueble. Es decir, se trata de una decisión importante a la hora de acceder a una nueva vivienda, ya que en lo sucesivo puede condicionar la economía familiar. Y las opciones más comunes son el gas, la electricidad o la estufa. Siempre y cuando la casa no esté provista de chimenea. Pero esa es otra cuestión.

Para decidirse por un sistema u otro es importante tener en cuenta factores como la zona donde está situada la vivienda (el clima del lugar, la humedad, etc), el aislamiento del inmueble, cuantas personas residen en él y hasta cuánto tiempo pasan en su interior los habitantes de la vivienda. Todo ello influye a la hora de elegir el tipo de calefacción y contratar la potencia energética que deberá generarla.

Una vez tengamos claras las constantes del espacio habitable que hay que calentar, es el momento de decantarse por un sistema de calefacción concreto, que en función de las condiciones será el más eficaz, y a la vez el más barato dadas las circunstancias.

El mejor sistema para cada hogar

Una posibilidad es decantarse por el Gas Natural cuando se trata de una primera vivienda situada en una zona fría. Es el sistema más utilizado actualmente, sobretodo porque también suministra agua caliente y permite tener la cocina de gas.

Para chalés independientes o de grandes dimensiones suele ser recomendable la opción del Gásoleo C. En cambio, para segundas residencias en climas templados o viviendas que necesitan un refuerzo de calor puntual es perfecta la calefacción generada con estufa alimentada con pallets de madera.

Por otro lado hay que valorar la calefacción eléctrica, que es adecuada para viviendas de poco consumo. Por ejemplo, segundas residencias, apartamentos pequeños, viviendas situadas en un clima templado o aquellas casas donde sus habitantes no pasan demasiado tiempo.

No obstante, estas medidas preventivas de ahorro en materia de calefacción no están demasiado extendidas en nuestro país, según datos de un estudio del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE), del cual se desprende que el 90% de los hogares españoles tienen calefacción instalada, y, de ellos, más de un 80% tienen un sistema de calefacción individual. La opción mayoritaria en estos casos es la caldera (en un 50% de las viviendas), seguidas de los radiadores eléctricos y los equipos de aire acondicionado con bomba de calor, que no siempre se corresponden con las necesidades reales de cada inmueble ni generan el ahorro que otro sistema más adecuado podría garantizar.

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