Brexit: el último cisne negro de la economía

El jueves 23 de junio de 2016 acunó un cisne negro. Uno de los más importantes para la economía y los mercados este año. La mayoría de brokers, financieros, analistas e incluso mucha gente ajena al mundo económico se fue a la cama como si fuera un día normal. Y casi lo era, hasta que el Big Ben de Londres marcó las dos de la madrugada del viernes 24. A partir de ese momento, lo que parecía imposible hasta unas horas antes comenzaba a materializarse.

El recuento del referéndum británico sobre si Gran Bretaña debía o no abandonar la Unión Europea arrojaba una conclusión que las subidas en los mercados financieros e incluso las todopoderosas casas de apuestas británicas casi habían descartado unas horas antes.

Cisne Negro en Economía

La sorpresa convirtió la jornada del viernes 24 de junio en otro de los viernes negros de la historia de los mercados financieros: la libra se desplomó, las bolsas también. Incluso, la Bolsa de Madrid cerró con la mayor caída de su historia, con pérdidas superiores a las registradas tras la quiebra de Lehman Brothers.

¿Es que nadie se imaginaba que los británicos querían abandonar el club europeo? ¿Por qué se desoyeron todas las advertencias de que esto podía suceder?

Nassim Taled o la teoría del cisne negro

En realidad, todo esto es el resultado del complicado razonamiento humano que el economista Nassim Taleb analizó en su libro “El Cisne Negro, impacto de lo altamente improbable”. En él, Taleb investigó a cerca de la falta de previsión del ser humano o por qué el subconsciente se niega a dar importancia a determinadas señales que pueden implicar que un hecho desencadene consecuencias negativas.

En caso del Brexit, las posibilidades de Gran Bretaña optase por abandonar la Unión Europea fueron despreciadas por los inversores como explican las subidas en bolsa incluso durante el mismo día en que se estaba votando. Lo mismo ocurrió con la caída de Lehman Brothers. ¿Acaso nadie sabía que aquel banco que se iba a dejar caer estaba conectado con todo el sistema financiero mundial? Probablemente subestimaron esa realidad. Como también se subestimaron muchos de los eventos que desembocaron en las Guerras Mundiales. Todos ellos claros ejemplos de Cisne Negro en las economías occidentales.

Taleb tomó esa expresión, que se usaba habitualmente en el Londres del Siglo XVI como una declaración de imposibilidad, para definir una realidad que en siglos anteriores era una rara avis, pero que a medida que avanza la globalización se hace más común. Según su libro para que suceda un Cisne Negro deben darse estas circunstancias:

1.- Que un evento se haga realidad a pesar de estar fuera de las expectativas normales, pues no existe ningún indicador pasado que apunte de forma convincente a su posibilidad.

2.- Que ese evento inesperado tenga un impacto extremo con importantes consecuencias en la vida real.

3.- Que a pesar de no haber sabido predecirlo, una vez que ocurre, el pensamiento generalizado es que “se veía venir”.

La Teoría del Cisne Negro ahonda en las múltiples aristas de la psicología humana que explican el comportamiento ante eventos inesperados. Entre ellas destacan:

Que los humanos fallamos una y otra vez en predecir acontecimientos que luego tienen repercusiones trascendentales en nuestras vidas. Así ocurrió con las Guerras Mundiales del siglo XX, los atentados del 11 S en Nueva York o del 11 M en Madrid, con la caída de Lehman Brothers. Lo más curioso es que los análisis posteriores identifican con exactitud las causas y a todo el mundo le parece imposible no haberlos visto venir. Esto ocurre, según Taleb, porque a los humanos nos cuesta aceptar que lo que no sabemos es más importante que lo que sabemos.  “Somos malos prediciendo el futuro”, dice el economista, “pero mucho peores analizando las causas que nos han llevado al error”.

La teoría del Cisne Negro asegura que los humanos tendemos a tomar decisiones basándonos en la información que es más evidente y dejando a un lado lo que no sabemos, no vemos, o incluso no nos interesa que ocurra.

La importancia del plan B

Los cisnes negros por supuesto existen. Pero sus consecuencias son más potentes en la medida que carecemos de planes B para hacerles frente. El caso del Brexit es uno de los mejores ejemplos. A pesar de que el riesgo estaba identificado por todos los analistas en sus listas de principios de año, nadie, Europa mucho menos, fue capaz de diseñar un plan B que minimizara sus consecuencias.

La globalización y la complejidad de la sociedad actual es uno de los motivos por los que se ha multiplicado la posibilidad de que un cisne negro alce el vuelo. En el siglo XV también podrían existir, pero el ritmo vital era mucho más calmado y la posibilidad de que un evento implicara a todo el planeta mucho más remota.

En contra de lo que se puede pensar, un cisne negro no tiene por qué ser un acontecimiento de impacto mundial. Se puede producir en nivel nacional, local e incluso personal. Se trata de situaciones en las que los implicados han sobreestimado el valor de las explicaciones racionales y de los datos al tiempo que subestiman la importancia de aleatoriedad (lo que no puede ser explicado con datos).

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